"Programas urbanos, ciudad y amonedación en el Occidente romano", Actas del XII Internationaler Numismatischer Kongress, Berlín, 1997, Berlín, 2000, pp. 664-666. more

Co-authored with F. Chaves; M. Oria y R. Gil

Francisca Chaves, Enrique Melchor, Mercedes Oria, Raquel Gil Programas urbanos, ciudad y amonedacion en el Occidente romano Avanzamos aqui las Kneas de un proyecto de investiga- tion, en desarrollo por investigadores de las Universidades de Sevilla (Prof. E Chaves y Dra. M. Oria, Dpto. de Arqueologia) y C6rdoba (Prof. E. Melchor y Da R. Gil, Area de Ha Antigua). Las emisiones monetales de varias ciudades hispanas privilegiadas representan con insisten- cia monumentos romanos: templos, acueductos, mura- llas, aras, estatuas (Beltran, 1953, 1980); imagenes que deben ponerse en relation con el progreso de la munici- palizaci6n en Hispania entre mediados del s. I a.C. - mediados del s. I d.C, posiblemente incluso como ima- gen de monumentos reales. Nuestro objetivo no es tanto identificar estos ultimos con restos arqueologicos concre- tos, como plantear si determinadas ciudades tenfan capa- cidad para poseer edificios o estatuas, similares a los repre- sentados en sus monedas, en el momento de su acufia- cion. El empleo de fuentes arqueol6gicas, escritas y numismaticas permitiran descubrir si dichas ciudades contaban con unas elites sociales, con suficientes recursos econ6micos e intereses politicos como para desarrollar importantes programas de renovaci6n urbana, tal como sucede por las mismas fechas en Italia (Rossignani, 1990). La base del trabajo ha sido un catalogo de las acunaciones hispanas que presentan monumentos, setenta y dos series pertenecientes a las ciudades de Carthago Nova (RFC 149, 151, 160-164, 174-177, con estatua, trofeo, templo, ;acueducto?), Tarraco (RPC218, 219, 221, 222, 224-226, 231, con templo, ara), Hid (RPC 192, 193, 196-198, con templo, ara), Caesaraugusta (RPC 319, 344, 345, con templo, estatuas, estatua ecuestre de Tiberio), Emerita (RPC 6-12, 20-36, 38, 41-48, con muralla, ;acueducto?, templo, ara), Italica (RPC 64, 65, con ara), Gades (RPC 94, 95, con templo), Malaca (Vives, LXXXV.4, con tem- plo) y Abdera 0/ives, LXXXI.1-4, CXXIV.1-3 = RPCllA- 126, con templo). La ceca de Lascuta (G^Bellido, 1993, 111), tambien con la imagen de un ara monumental, pre- sents particularidades (cronologfa anterior, diferente ambiente) que aconsejan diferenciarla; aunque, como otras cecas de origen punico incluidas en nuestro estudio (Malaca, Abdera y especialmente Gades), se aprecia un esfuerzo por adaptar rnetroldgicamente las emisiones al patron romano (Alfaro, 1996, 26; Campo y Mora, 1995, 130). El acercamiento a usos y modos romanos se hace compatible en estas cecas con la conservation del caracter punico en otros aspectos. Por otra parte, y como los tra- bajos de M. Bendala (1988, 123-125; 1994, 63-64) parecen demostrar, diversas ciudades hispanas sufrieron importantes transformaciones urbanas durante la domi- naci6n Barquida del Sur Peninsular, siguiendo pautas gre- co-helemsticas. Existirfa con ello una base que, potencia- da por la infiuencia de los grupos de origen italico que a lo largo de la Republica se instalan en estas comunidades, facilitarfa la implantaci6n de estructuras municipales con el correspondiente desarrollo urbam'stico. La epoca augus- tea supone la cristalizacion de este proceso. Entre sus manifestaciones caracterfsticas se incluye buena parte de las series monetales que aqui estudiamos: Carthago Nova, Tarraco (colonias cesarianas), Ilici, Caesaraugusta y Emeri- ta (augusteas), Gades e Italica (municipios cuya exacta caracterizaci6n es controvertida) (Galsterer, 1971, 18, 23 ss.; W.AA., 1989, 33-70, 71-106; Rdguez. Neila, 1980). Malaca y Abdera, por su parte, no son municipios latinos hasta epoca fiavia (Lopez Castro, 1995, 259-263; Muniz, 1975). Con algunos precedentes mas tempranos, la expansion segun el modelo de urbs romana de las ciudades peninsu- lares no se inicia, de forma regular, hasta que las nuevas fundaciones cesarianas y augusteas proporcionan modelos urbani'sticos a seguir (Trillmich y Zanker, eds., 1990, pas- sim). El fen6meno coincide con una nueva entrada de contingentes de italicos, sucesiva a la ya asentada desde los primeros momentos de presencia romana en la P. Ibenca, que tan influyente fiie en el impulso de las amonedacio- nes cuyas consecuencias comentamos aquf (Chaves, 1994). Las comunidades indfgenas cuyo contacto con Roma (incluyendo nucleos de poblaci6n italica) es mas antiguo, o aquellas cuyo propio desarrollo lo facilitaba, son las primeras en adoptar un urbanismo „a la romana": unas para dotarse de infraestructuras y edificios propios de su nuevo rango municipal; otras como apoyo a sus aspira- ciones de conseguirlo, mostrando el grado de desarrollo y „civilizaci6n" imprescindibles a ojos de Roma para alcanzar un estatuto privilegiado (Gros y Torelli, 1988, 257-258). Las propias elites indfgenas que controlan sena- dos y magistraturas locales (Rdguez. Neila, 1993, 1995), junto con las elites italicas, son las mas interesadas (desde la mitad del s. I a.C.) en invertir sus recursos en una monumentalizacidn que para ellos traera beneficios direc- 664 Programas urbanos, ciudad y amonedacion en el Occidente romano tos en forma de ciudadam'a. No podemos perder de vista la influencia de los sentimientos de orgullo ciudadano (Frere, 1985, 34-36), dada la importancia de la origo en la sociedad romana. La iconograffa monetal se convierte en el escaparate donde se refleja la competencia edilicia ent- re comunidades vecinas, mas dirigida a Roma y a la auto- promoci6n, que a las propias necesidades reales de la pob- laci6n (Duncan-Jones, 1966-67, 160-161; Ifiey Thomp- son, 1976-77, 27; Gros, 1988, 70; Hesberg, 1991, 183; Zanker, 1992, 31 ss.; etc.)- La eleccion de los tipos mone- tales por parte de los dirigentes ciudadanos responde pre- cisamente al deseo de hacer evidente esta situaci6n (Ripolles, 1993; Keay, 1995, 301, 309-310). Coincidiendo con el inicio de este proceso, el porcentaje mas alto de emisiones monetales fechadas entre el 50 a.C. y el 37 d.C. puede ser reflejo (ideologico, si no material) de los cambios urbam'sticos. S6lo una pequena parte representa templos y otros monumentos con anterioridad a estas fechas, poniendo de manifiesto la existencia de una monumentalizaci6n precoz, desarrollada durante la pri- mera mkad del siglo I a.C, precisamente en comunidades de origen feno-punico y por tanto de clara raigambre urbana: Malaca, Abdera, y en todo caso Lascuta. Un caso distinto es el de Gades (ceca que hemos analizado en otro trabajo: Chaves-Melchor-Oria-Gil, e.p.), donde el templo no aparece en las monedas hasta la epoca augustea con un determinado significado politico, pese a que la monu- mentalizacidn de la ciudad se inicia algunos anos antes, con el grandioso proyecto de curio helenlstico promovido por Balbo el Joven. En realidad, ya desde los siglos II y I a. C, las ciudades fenicias de Hispania hablan adoptado los modos de produccidn romanos, incorporandose ple- namente a la economi'a monetaria y desarrollando un intenso comercio por el Mediterraneo. De esta forma las emisiones monetales se convierten en un si'mbolo propa- gandi'stico de los nuevos tiempos, como sfntoma de roma- nizaci6n (Chic, 1997, 17-19). El reflejo monetal de esta situacion de cambio es muy parecido en las viejas ciudades semitas y en las nuevas fun- daciones romanas. Por ejemplo, en las primeras series monetales con monumentos de Emerita, augusteas, se hace enfasis en las obras de infraestructura, muralla y acueducto: obras por una parte representativas de la reali- dad local, desde su misma. fundacion; y por otra, mani- festaciones de „civilizaci6n", propias del urbanismo roma- no y muy utiles a la hora de afrontar la integraci6n de una provincia cuya urbanizaci6n previa es muy debil (W.AA., 1990). Las emisiones con templo de Gadese Ilicison tam- bien augusteas y si, en el caso de Ilicu la dedicacidn a Juno podna hacer pensar en cultos locales asimilados, el templo gaditano lo hemos relacionado en otro trabajo con el culto de Cesar, en una temprana muestra de adhesion a la politica dinastica del princeps (Chaves-Melchor-Oria-Gil, e.p.)- Durante el reinado de Tiberio, numerosas ciudades hispanas eligen emblemas de caracter sacro: templos en monedas de Tarraco, Caesaraugusta y Emerita; aras en Ta- rraco, Ilici, Italica y Emerita. Las leyendas que acompanan a los templos, como ,Aeternitas Augusta"(RPC219, 222, 224 y 226, de Tarraco; RPC 29 y 47-48, de Emerita) o „Pietati Augustae" (RPC 344, de Caesaraugusta) ylas que aparecen en las aras, como „Sal(us) Aug(usta)"(RPC 196- 197, de ttici) o „ProvidentiaeAugusti" (RPC 64-65, de Ita- lica), nos indican la existencia de un temprano desarrollo del culto al Divino Augusto y a las virtudes imperiales en algunas ciudades de Hispania (Fears, 1981). La existencia real de estos monumentos es objeto de debate y autores como D. Fishwick niegan p.e. la existencia del ara de Eme- rita (Fishwick, 1987, 180-183), mientras defienden la del templo y el ara dedicados al culto municipal de Augusto en Tarraco (Fishwick, 1982, 222-223)- En todo caso y estin o no construidos realmente los edificios, las elites de las ciudades parecen querer mostrar con estas emisiones su fidelidad al emperador y su rapida adhesi6n al culto impe- rial, que se manifestarla en la inmediata construcci6n de altares como el de Tarraco y de templos como los repre- sentados en las emisiones monetales de Tarraco o de Eme- rita. Lo que si parece quedar claro es la vinculaci6n de estos monumentos con el culto imperial a nivel local, pues el provincial a los emperadores difuntos tendra un desa- rrollo mas tardio. Por tanto, los monumentos elegidos por las comunidades como emblemas monetarios sirven para trasmitir al exte- rior (pr6ximo - las ciudades vecinas - y lejano — Roma) las ideas de romanizacidn, de avance de la urbanizacion y de fidelidad al emperador. Creemos que buena parte de estos monumentos debieron existir, al menos en proyecto, cuando se emitieron las monedas que los esquematizaban, pues la importancia econ6mica y el status privilegiado de la mayoria de las ciudades emisoras les permitiria dotarse de monumentos como los representados sin excesivos pro- blemas. Bibliografia Alfaro, 1996: Alfaro, C: „Avance de la ordenaci6n de las mone- das de Abderat/Abdera (Adra, Almerfa)", Numisma, 237, (1996) p. 11-50. 665 Francisca Chaves, Enrique Melchor, Mercedes Oria, Raquel Gil Beltran, 1953: Beltrdn, A.: „Los monumentos en las monedas hispano-romanas", AEspA, 87, (1953) p. 39-66. 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